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A veces hay personas a las que basta con verlas o escucharlas una vez para creerles; tu alma se asombra, porque percibe en ellas algo especial, difícil de explicar. A veces ves sus ojos, oyes su voz, te sonríen o simplemente compartes un momento de silencio, y no necesitas nada más. Tu alma queda hechizada, atraída hacia ellas como un imán, y parece que su sola presencia ilumina, purifica, llena de alegría todo a tu alrededor.
Si le dices esto a alguien, con toda razón comentará: «Sí, claro, tiene un carisma especial». Si viviéramos en otro siglo y le dijéramos lo mismo a uno de los filósofos antiguos, probablemente diría: «Sí, claro, el alma de este hombre tiene un aroma especial
El aroma del alma: ¡qué belleza! Estamos acostumbrados a oler una flor, a inhalar el aroma de la tierra mojada tras la lluvia o el olor del mar en la sal que queda en nuestra piel después de nadar. ¡Qué lástima que nadie nos haya dicho que el alma humana tiene su propio aroma, que huele, y que su olor depende de con qué convive y de qué se nutre cada día!
EL AROMA DEL ALMA es un poder especial, un carisma o fluido especial de una persona, y esta es precisamente la asombrosa belleza del misterioso arte de ser uno mismo...

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