sábado, 18 de julio de 2026



Una noche, el Hombre tuvo un sueño. Soñó que él y Dios caminaban por la arena junto al mar. Escenas de su vida desfilaban ante sus ojos. En cada escena, el Hombre notaba dos pares de huellas en la arena: unas eran suyas y otras de Dios.

Cuando la última escena pasó fugazmente, el Hombre miró las huellas en la arena y descubrió que muchas veces a lo largo de su vida se había encontrado solo: solo había un par de huellas en la arena. Esto siempre sucedía en sus momentos más difíciles: durante sus fracasos y depresiones.

Esto desconcertó al Hombre, y le preguntó a Dios: «Dios, dijiste que si te seguía algún día, estarías conmigo durante todo mi camino. Pero noté que en mis momentos más difíciles, solo había un par de huellas en la arena. No entiendo por qué, cuando más te necesitaba, me abandonaste».

Dios respondió: «¡Hijo mío! Te amo y jamás te abandonaría. Durante los momentos difíciles que enfrentaste, cuando solo viste un par de huellas, yo estaba allí. Simplemente te llevé en mis brazos».



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