Había una vez una rosa. Era una hermosa flor rosa, rosa, no blanca, no roja, ¡sino rosa! No se preocupaba por si era hermosa o no. ¡Pero constantemente oía comentarios sobre sí misma! Alguien que pasaba decía:
«¡Ah, qué hermosa!». Alguien, al intentar cogerla, se pinchó y gritó furioso: «No eres una rosa, eres un cactus, una espina». Pero la rosa sabía que era una rosa y quería que la gente se alegrara de su existencia.
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