Sabiduría japonesa.
Si un problema se puede resolver, entonces no tiene sentido preocuparse por él; si no se puede resolver, entonces no tiene sentido preocuparse por él.
Después de pensar, decide; y después de decidir, no pienses.
No demores la partida; no ahuyentes la llegada.
Rápido es lento, pero sin interrupción.
Es mejor ser enemigo de una buena persona que amigo de una mala.
Sin gente común, no hay gente grande.
Quien desea fuertemente llegar a la cima inventa una escalera.
Un esposo y una esposa deben ser como una mano y unos ojos: cuando la mano duele, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran, las manos enjugan las lágrimas.
El sol no conoce el bien. El sol no conoce el mal. El sol brilla sin el propósito de calentar a nadie. Quien se ha encontrado a sí mismo es como el sol.
El mar es grande porque no desdeña los ríos pequeños.
Y un largo viaje comienza con uno corto.
Quien bebe no conoce el daño del vino; quien no bebe no conoce sus beneficios.
Aunque solo necesites una espada una vez en tu vida, siempre debes llevarla contigo.
Las flores hermosas no dan buen fruto.
La pena, como un vestido andrajoso, debe dejarse en casa.
Cuando hay amor, las llagas de la viruela son tan hermosas como los hoyuelos.
Nadie tropieza en la cama.
Una palabra amable puede calentar tres meses de invierno.
Dejen paso a los tontos y a los locos.
Al sacar una rama, debes escuchar el aliento del viento.
Comprueba siete veces antes de dudar de una persona.
Haz lo mejor que puedas y deja el resto al destino.
La honestidad excesiva raya en la estupidez.
La felicidad llega a una casa donde reina la risa.
La victoria es para quien aguanta media hora más que su oponente.
A veces una hoja se hunde, pero una piedra flota.
No se dispara una flecha a una cara sonriente.
El té frío y el arroz frío son tolerables, pero una mirada fría y una palabra fría son insoportables.
A los diez años, un prodigio; a los veinte, un genio; y después de los treinta, una persona común.
Si una mujer quiere algo, atravesará una roca.
Preguntar da vergüenza por un instante, pero no saber da vergüenza para toda la vida.
Un jarrón perfecto jamás salió de las manos de un artesano humilde.
No temas inclinarte un poco, así te enderezarás.
Los ríos profundos fluyen en silencio.
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